Regulaciones 12.02.2020 > Mundo

“La industria del juego está un poquito acomplejada”: Cristina Romero

La abogada madrileña piensa que es momento de que la industria se mire a sí misma

Por ANDRÉS TAPIA

No son muchas las mujeres que ejercen un papel determinante en la industria del juego y el entretenimiento a nivel mundial. Cristina Romero, sin embargo, pertenece a esa minoría. Abogada en Derecho Público por la Universidad Carlos III de Madrid, y poseedora de una maestría en Asesoría de Sociedades Cotizadas en la IE Law School de Londres, Romero es una de las profesionales que más conocen los vericuetos legales que rodean a los temas regulatorios en materia de juegos de azar, casinos, jurisdicciones, etc. 

Es así porque su padre, José Ramón Romero, fue el primer presidente de la primera asociación de máquinas tragamonedas de España cuando el juego se legalizó en ese país. De ahí a fundar un despacho, Loyra Abogados y Asesores, especializado en tales menesteres, era algo casi lógico. Luego de trabajar un tiempo en Credit Suisse en Londres, Romero hoy es socia de la firma creada por su padre, desde la que se encarga de atender a los operadores y proveedores de la industria, labor que la ha convertido en una rockstar de las cuestiones legales.

Nacida en MadridEspaña, el año de 1981, Romero conversó con Games Magazine acerca de los retos que enfrenta el sector en el ámbito de la regulación, de los complejos que padece la industria y que no le han permitido crecer como debiera, de llegada del juego online y los desafíos que eso supone, y de la apertura de nuevas jurisdicciones en un mundo que todavía no decide aceptar por completo el concepto de los juegos de azar y de casino.

Richard Schuetz, uno de los gurúes de la industria, mencionó que uno de los principales temas a tratar en la ICE de Londres, y uno de los más candentes, tendría que ver con la regulación, ¿qué piensas de eso?

Es candente, sí, porque se habló mucho de nuevos mercados, concretamente en América Latina se está hablando mucho de Brasil, de Perú, de Chile. Y eventualmente la gente pregunta mucho por México, acerca de qué se puede hacer ahí, de qué tan grande es el mercado. Lo que más he escuchado en esta feria es que es muy complicado saber los tamaños de los mercados, que es un reto realmente saber cuánto se juega, cuánto beneficio tienen las empresas que están operando y luego se ha hablado mucho de temas de fiscalidad, que al final es parte de la regulación: cómo impactan los impuestos en los modelos de regulación, en el hecho de que las empresas quieran o no entrar a los mercados, esos han sido los grandes temas. Y luego hay mucha rumorología en la industria, que pasa siempre en todos los shows: quién se va a juntar con quien, qué empresa se va a fusionar con tal y muchas cosas de ese tipo. Lo bueno, concretamente de la región de América Latina, es que los operadores, aunque sean muy grandes, reconocen el valor de tener un socio local por la necesidad de adaptarse.

Más allá del tamaño de los mercados, por ejemplo, el caso mexicano es el de un mercado que está ahí, que no tiene una regulación propiamente dicha…

Bueno, tiene una que es antigua, pero la tiene.

Cierto, pero no es muy funcional aunque funciona. Tú, Cristina, que estás especializada en eso, ¿qué tan dura es esa labor de ir a regular a un país que no quiere regular o, en su defecto, actualizar su regulación?

Pues es complicado. Nuestra experiencia siempre ha sido buena en esos sitios donde nos han llamado para ver qué se puede hacer. Lo que hay que hacer con los reguladores es darles información, incluso a veces lo que nosotros hemos hecho es ir con proyectos ya hechos y los presentamos y decimos: “Aquí está el proyecto, así es como funcionaría”. Y entonces, cuando ya lo ven, de hecho funciona mejor porque ellos lo que perciben muchas veces es que va a ser difícil y no saben bien cómo es la dinámica de la industria, especialmente en el caso de los productos nuevos, como es el caso del juego en línea. Entonces cuando llega algo hecho con ciertos expertos que han estado en otros lugares, que han tomado idealmente lo mejor de esos lugares, pues tiende a funcionar mejor; en general es difícil, por lo que tiene que existir una voluntad política. Por ejemplo, en mi país, España, ahora estamos un poco un retroceso, ahora están hablando de restringir el juego: el tema de la publicidad se desmadró, hay demasiada publicidad, sobre todo de juego en línea relacionada con eventos deportivos.

Todo esto tiene que ver con el cambio de gobierno…

Exactamente, así es, los cambios de gobierno impactan en eso. Ahí el ejercicio, que es muy legítimo por parte de la industria, está en explicar al nuevo gobierno cuántos nuevos empleos se están creando, cuántos impuestos se pagan, etc. Y hay un tema que siempre vuelve, que es el tema de la ludopatía, un tema grave, serio, pero que no está tan presente como se piensa: los datos dicen que el impacto de la ludopatía es inferior al del alcoholismo, al de, incluso, determinadas drogas y nadie habla de cuánta gente padece temas de abuso de alcohol porque no sale en prensa. ¿Por qué? Porque tienen una mejor comunicación, porque es una industria potente. La industria del juego siempre estado mal vista: ¿por qué?, porque es una industria fácil de estigmatizar, de decir representan a la mafia, los casinos de Las Vegas, y todo eso. Pero no es verdad, es una industria super-regulada, hay gente muy seria, super-emprendedora, de muchos años que ha levantado empresas de cero y son empresas muy grandes que le dan trabajo a mucha gente. Yo que vivo en el mundo de los contratos, de ayudar a mis clientes a sacar licencias, a estar regulados, es increíble el nivel de regulación que hay, sólo se compara con el de los bancos y el de las aseguradoras. Lo que pasa también es que la industria tiene que mirarse y saber que tiene un problema: es una industria que está un poquito acomplejada.

¿En qué sentido?

Ellos mismos sienten que son malos, los han maltratado tanto tiempo que al final acaban creyendo que son malos y no tienen esa voluntad de salir fuera a contar qué es esto de verdad, no esconderlo. Entonces creo que hay cambiar la propia cultura de la industria. Por ejemplo, las compañías de juego en línea tienen un ADN diferente, son mucho más comunicadoras, participativas, informativas, de decir realmente qué es, dónde están los problemas. Mira a Estados Unidos, ahí la industria del juego comunica estupendamente, nadie los molesta… sí, bueno, de cuando en cuando algún político sale y dice algo, pero en realidad nadie los molesta, publican orgullosos cuántos ingresos generó la industria en los casinos, cuántos empleos, cuántos impuestos estaban pagando. De pronto creo que ahí tenemos algo que aprender.

Pero ellos aún no han legalizado las apuestas deportivas…

Están yendo por estados, van por estados, en algunos estados sí ya están legalizadas. Y pues, claro, ellos dependen de su constitución. En España también es así, ahí fueron primero determinadas regiones que las legalizaron, ahora ya están todas, digamos en el juego terráqueo y el online eventualmente llegó de forma paralela. Entonces el problema de las estructuras regionales y federales es que a veces hay lío de competencias. En España, por ejemplo, el nuevo gobierno que ha entrado no entiende bien qué competencias tiene respecto de las regiones. Un político, no recuerdo cuál, dijo: “Vamos a cerrar el 90% de las casas de apuestas”. Y el gobierno federal no puede hacer eso, es un tema de cada región.

Ese estigma del que hablas,  ¿por qué no ha podido quitárselo la industria?

Porque nos hemos acomplejado. Me sorprende comparándolo con otras industrias, como las del tabaco o el alcohol, que sí son capaces de hacer ese lobbying, aunque venden sustancias que son malas; creo que la gente del juego se ha cerrado en su cascarón. En España, concretamente, hay un tema que sí ha sido relevante: la publicidad del juego estuvo prohibida hasta el año 2011, cuando llegó el juego en línea. Entonces cuando uno no tiene que publicitarse porque no puede, de repente no coge esa cultura de salir fuera y pensar cómo vas a vender tu producto, sino que está tu producto encerrado en una sala oscura, entonces eso ha generado cierta cultura no muy sana. 

En el caso de iGaming, ¿qué tan sencillo o no es regularlo?

Pues podría ser muy sencillo. Nosotros hemos tenido todo tipo de experiencias, la última ha sido con la provincia de Buenos Aires que hizo una licitación para mi gusto demasiado compleja, con mucho desconocimiento de cómo funciona la industria y ha habido muchos operadores que salieron muy decepcionados. Luego hay mercados como Colombia, que funcionan bastante bien con una buena regulación. En España, por ejemplo, se han cambiado los impuestos, se cambiaron hace no mucho, los bajaron porque empezaron muy altos. La verdad es que hacer una buena regulación es relativamente sencillo, pero para hacer esa regulación, como es una industria tan especializada y hay que atenderla muy bien, es necesario hablar con la industria, que es muchas veces lo que no se hace. Entonces hay formas de pedir datos, de pedir experiencias, hay mucha gente involucrada ahí que podría dar datos y cuando se regula mal es porque no hay diálogo con la industria… Mira Brasil, ahí se pretende regular las apuestas de contrapartida como si fuera una lotería, eso es imposible, si no conocen bien los productos del juego uno sabe que eso es imposible y que no va a generar un buen mercado. Eso suelen ser los errores más comunes.

¿Cómo se le garantiza al jugador online que no lo están timando, que la slot virtual funciona sin trampas ni amaños?

Entiendo perfectamente. Piensa que eso suele llevar una serie de mecanismos de generación de números aleatorios y similares que, en los mercados que yo conozco, están certificados. Existen unos laboratorios especialistas que son independientes, como las auditoras de las empresas, que las revisan como independientes. Pues aquí es lo mismo: el sistema se homologa y se certifica. Y entonces esa empresa externa certifica que se trata de un proceso random, que no está manipulada. Así es como funcionan la mayoría de los mercados que conocemos, es una medida de seguridad adicional y el sistema paga lo que tiene que pagar y es aleatorio. Y luego evidentemente está el tema de que a uno lo pueden sancionar si el regulador se da cuenta de que el operador está haciendo trampas, va a perder su negocio porque le van a quitar la licencia y se va a acabar porque sin permiso no van a poder desarrollar el negocio. 

¿Qué futuro le ves a la industria en la parte regulatoria?

Es un reto muy importante a nivel reputación, hay que invertirle a la reputación un montón, a que de verdad se den cuenta que es una industria como la del alcohol o el tabaco, es decir, que está establecida, que no es buena, pero que es una cuestión de dosis. O sea, no es lo mismo que te tomes un tequila o una cerveza que 30. Con el juego es exactamente lo mismo, un tema de dosis. Hay que darse cuenta que una sala de juego no es un delito, igual que tomarte un vino. Ese es el gran reto.