Salas 15.06.2020 > Mundo

El juego después de la pandemia

Los casinos ya han reabierto sus puertas, pero la atmósfera dista mucho de ser la que conocíamos. ¿Cuánto y cómo cambiará la industria del juego luego de la pandemia?

Por ANDRÉS TAPIA

Es difícil estar seguros acerca de cuáles son las lecciones que dejará al mundo la pandemia Covid-19. Por lo pronto, y aunque es duro de aceptar, es muy probable que la vida como la conocíamos haya cambiado para siempre. Y al decir esto debemos pensar en las cosas más simples, esas en las que no reflexionábamos porque las hacíamos de manera mecánica o, por el contrario, no las hacíamos: lavarse las manos de manera frecuente, portar una mascarilla cubrebocas, mantener una distancia social y en algún punto dejar de asistir a eventos multitudinarios.

Jorge Valdano, el ex jugador de fútbol argentino y campeón del mundo en México 1986, alguna vez definió al deporte de la siguiente manera: “El fútbol es lo más importante de lo menos importante”. Parafraseando sus palabras, ¿qué será ahora lo más importante de lo menos importante?, ¿qué actividades que antes eran triviales hoy se han acercado al extremo de lo banal?, ¿qué se puede hacer ahora y qué no?

Visto desde cualquier óptica, la industria del juego y el entretenimiento parecería ser una de esas actividades que en cierto punto parecerían estar condenadas, al menos hasta que se desarrolle una vacuna efectiva en contra del virus que, en algún momento de la pandemia, consiguió confinar a más de la mitad de la población mundial: alrededor de 4,000 millones de personas.

Para colmo de males, la historia no ayuda en lo más mínimo. En la película Contagio (Steven Soderbergh, 2011), una visión apocalíptica de lo que el mundo viviría nueve años más tarde, Gwyneth Paltrow personifica a una mujer que luego de un viaje de negocios a Hong Kong, decide visitar a su amante antes de volver a casa con su marido e hijos. Ella es la paciente cero y ha contraído el virus en un restaurante de Hong Kong luego de estrechar las manos del chef del lugar que, previamente, preparaba un lechón. Ese animal, de manera totalmente azarosa, ha comido las heces que un murciélago dejó caer accidentalmente en la granja en la que fue criado. La cadena de contagios es infinita y Beth Emhoff, el personaje de Paltrow, no hace más que propagarlo al visitar posteriormente un casino.

Quizá en menor medida en Estados Unidos, en Macao y en el resto de las ciudades y regiones que son consideradas capitales del juego y en consecuencia son centros turísticos que generan miles de millones de dólares al año y de los cuales dependen miles de empleos, pero los casinos y el juego siempre han sido estigmatizados por el aura criminal que en algún momento los rodeó y que Hollywood se encargó de propagar a través de algunas cintas memorables. 

Pero eso ocurrió en otros tiempos y, precisamente por ello, hoy en día se trata de una de las industrias más reguladas y vigiladas a nivel mundial por parte de los gobiernos que han permitido su explotación.

A nivel mundial, la reapertura de los casinos ya inició. Primero tuvo lugar en Macao, el territorio especial que pertenece a China, en virtud a que fue en ese país donde inició el brote de la pandemia y a que lograron contenerlo antes de que nadie. Después, tras superar la cadena de contagios y aplanar la curva, en Europa ocurrió lo mismo y más recientemente en Estados Unidos algunas entidades han dado luz verde al desconfinamiento, entre ellas el estado de Nevada donde se localiza una de las grandes capitales de juego en el mundo: Las Vegas.

Sin embargo, la reapertura se está dando en condiciones que en poco o nada se parecen a lo que conocíamos. Los diversos organismos que regulan el juego en cada país, han establecido una serie de medidas sanitarias y de seguridad que deberán seguirse a la letra, y si bien en cada país y en cada ciudad pueden existir diferencias, hay varios denominadores comunes: uso obligatorio de mascarillas cubrebocas por parte de los empleados de resorts y casinos, y en algunos casos también por parte de los visitantes; implementación de placas de plexiglás en las mesas de juego y un número limitado de jugadores en las mismas; aforo no mayor al 50% de la capacidad del establecimiento y, en consecuencia, disminución en el número de máquinas tragamonedas en funcionamiento; finalmente, en algunos sitios es imperativa la medición de temperatura, tanto para empleados como para huéspedes, y en los casos en los que el termómetro indique 38 grados centígrados, no se permitirá la entrada. Por si no bastara, hay que agregar las medidas de desinfección que habrán de aplicarse y que incrementarán de manera significativa los insumos de cada sala de juego: naipes, dados, fichas y cubrebocas, sin dejar de mencionar la ya omnipresente presencia de miles de litros de líquido antibacterial y otros químicos con los que será necesario limpiar de manera frecuente las mesas y las máquinas tragamonedas.

Parece una mala medicina y sin embargo habrá que tomarla durante el tiempo que pase hasta que desarrolle y descubra la vacuna que permita que el mundo vuelva a la normalidad. Dado el periodo de confinamiento, el desempleo que se generó a partir del mismo y las pérdidas millonarias que se registraron, queda claro que los números al cierre del año fiscal 2020 serán de color rojo y que, a pesar de la reactivación, la recuperación de la industria será muy lenta en virtud a que no estará operando a toda su capacidad y tendrá que inyectar dinero y ofrecer tarifas bajas para incentivar la llegada de los visitantes que, no es difícil suponer, no serán tantos como en otros tiempos debido al miedo que ha inoculado a la humanidad. 

¿Tendrá todo lo anterior una incidencia significativa en los hábitos de la gente que viaja y juega? Es difícil saberlo, pero lo cierto es que si bien la industria del juego online había registrado un notable crecimiento en los últimos años, durante el tiempo de la pandemia ha registrado un crecimiento lógico del que no puede saberse aún si será meramente anecdótico o marcará una tendencia irreversible. 

La atmósfera festiva, glamurosa y cosmopolita de los casinos desaparecerá por un tiempo indefinido, y lo mismo ocurrirá con otras actividades cuyo regreso es incierto o en condiciones radicalmente distintas. Son los casos de los conciertos y eventos masivos, así como de la celebración de encuentros deportivos con presencia de público. Ya hemos visto a lo largo de estos meses que todo se ha vuelto virtual: las reuniones con amigos, de trabajo y de negocios. Que es posible realizar conciertos y performances sin salir de casa, y también asistir a ellos desde las pantallas de nuestros televisores, computadoras y dispositivos móviles. En lo tocante al juego, ya se sabe también que es posible ingresar a una sala virtual a jugar poker, ruleta y blackjack, y que cuando se gana nuestras billeteras virtuales reciben el dinero correspondiente.

No está mal, nada mal. La tecnología ha posibilitado todo eso y mucho más. Sin embargo, es innegable que el factor humano, la presencia de alguien más delante de nosotros, es insustituible e incomparable, y que mientras no tengamos una cura definitiva, tendremos que acostumbrarnos a un mundo muy distinto al que conocíamos.

Es así y así será durante un tiempo que por desgracia no será corto. 

El “no more bets”, por lo pronto, ha cambiado de significado.